Antes de las farmacias y los suplementos, estaba la cocina. Las abuelas y bisabuelas no solo sabían guisar, también sabían curar con comida. En Venta La Colilla, muchos de esos sabores y platos siguen vivos no solo porque están deliciosos, sino porque tienen algo de medicina casera: calman, reconfortan y, a veces, hasta sanan.
Hoy te contamos cuáles son esos remedios de la cocina tradicional que aún servimos y por qué tienen más sentido de lo que parece.

El caldo: abrigo en forma líquida
¿Resfriado? Nada como un caldo casero bien hecho para curarlo. Con huesos, pollo, verdura y tiempo, es un clásico que las abuelas servían como “primer auxilio”.
Sus beneficios:
Hidrata y alimenta cuando no tienes apetito.
Alivia la garganta y despeja la nariz.
El vapor ayuda a respirar mejor.
Nuestros caldos y sopas siguen esta receta: paciencia, ingredientes frescos y el toque de la cuchara de palo.
Ajo: el antibiótico natural

En la cocina tradicional el ajo se usaba para casi todo: subir las defensas, combatir infecciones y dar carácter a cualquier plato.
Sus propiedades:
Antibacteriano y antiviral.
Bueno para la circulación.
Presente en guisos, ajos fritos, sopas y embutidos.
Además de estar en platos como las patatas revolconas, también protagoniza recetas como la sopa castellana.
Manzanilla: el final perfecto de una comida
Después de comer, muchas abuelas no ofrecían postre, sino una infusión. Y la reina era la manzanilla, por su capacidad para “asentar el estómago”.
Usos comunes:
Contra el dolor de tripa.
Para calmar los nervios.
Como ayuda para dormir mejor.
En Venta La Colilla, seguimos ofreciendo infusiones tradicionales como parte de la experiencia de sobremesa.

El limón: pequeño, pero poderoso
Otro básico del botiquín gastronómico era el limón. Ya fuera en agua caliente, en postres o para aliñar platos, siempre estaba cerca.
Propiedades:
Rico en vitamina C.
Refuerza el sistema inmunológico.
Combina con miel, ajo, agua caliente… y hasta caldos.

Miel: dulce medicina
La miel era (y es) el remedio dulce para todo. En leche caliente para dormir mejor, en infusión para curar la tos, o simplemente sobre pan tostado.
También usamos la miel en postres como natillas, flan o arroz con leche, cuando buscamos un toque más suave y natural.
En la cocina tradicional no se contaban calorías, pero sí se cuidaba lo que se ponía en la mesa. Se cocinaba para alimentar, pero también para reconfortar, para calmar, para curar. En Venta La Colilla seguimos creyendo que un buen plato puede levantar el ánimo tanto como una medicina.